domingo, 3 de febrero de 2013

Capítulo 05 - Thomas Parker

El lunes, Dalia no había asistido a clase y Spencer tuvo que enfrentarse sola a la simpatía de sus compañeros. Aunque nunca se metían con Megure, notaba que recibía un trato hostil. Desde el primer día, la vio sola, sin relacionarse con el resto del mundo, pero no fue algo a lo que le diera demasiada importancia.

Aquella mañana se cruzó con Rimes un par de veces por el pasillo, y él le dedicaba una mueca de puro desdén. Lo extraño era que solo gesticulara cuando la veía y no la agraviara.

Pasó las primeras horas examinando el panorama que se hallaba en el aula y pudo ver como Emma Miller la observaba desde su pupitre. Aquella chica le parecía tan atractiva que sentir su mirada clavándose en ella resultaba terriblemente incómoda.

Miraba su reloj de muñeca y contaba los minutos que faltaban para que la campana sonase avisando que era la hora de comer. Cogió su bolso y salió al patio para llevarse al estómago la comida que había traído de su casa. A pesar de que a aquella hora el jardín solía estar vacío, fue a un rincón apartado para no llamar mucho la atención.

Cuando estaba con Dalia comía en el restaurante y no le preocupaba estar sentada frente a su amiga y yantar de una fiambrera. Pero era una situación violenta si estaba ella sola.

Abrió el recipiente. Esta vez había llevado pasta. Le encantaba la pasta. El tenedor estaba apunto de adentrarse en su boca cuando una sombra frente a ella captó su interés. Levantó la vista con lentitud para ver a la persona que se hallaba delante de sus narices.

Para su sorpresa era Thomas Parker, con su habitual expresión distante.

Ella le miraba con atención, esperando a que abriese la boca para decir algo. Intentó recordar la voz del chico, pero se dio cuenta que prácticamente no le había oído hablar en toda la semana anterior. Estaba tan serio que pronto tuvo miedo de que le hiciera algo como lo que sucedió en el pabellón, lo cual no había podido olvidar todavía.

Sin embargo, él sonrió despreocupadamente. Y era una sonrisa amplía.

Tiene buena pinta —declaró.

Spencer se quedó observando como se iba con la boca abierta. ¿La estaba vacilando? Seguro que era aquello, porque ningún estudiante de Richroses diría en su sano juicio que lo que portaba para comer tenía buena pinta. Ni ella lo diría estando todo como estaba: embutido en una fiambrera de plástico.

Pero aquella sorpresa no fue la única de aquel día. Dos horas después de el extraño encuentro con Parker, tenían educación física, por lo que fue a su taquilla para recoger su ropa deportiva. Allí pudo contemplar estupefacta que su camiseta había sido rajada con la ayuda de un cúter a conciencia. Evidentemente, no podía hacer deporte con aquello en aquel estado.

Trató de explicar su situación al profesor de la materia sin que sus compañeros se percataran, pero como era de esperar, la ignoró. Se sentó en un rincón del gimnasio mientras escuchaba las maliciosas risas de sus perversas compañeras. En esos momentos, algo cayó sobre su cabeza, nublando su vista. El corazón le dio un vuelco cuando pensó que la estaban atosigando de nuevo. Al quitárselo descubrió que era una camiseta de hombre, del uniforme deportivo, y tenía grabado el nombre de Thomas Parker.

Se giró y pudo ver al propietario de la camiseta, con cara risueña.

Póntela —dijo sin eliminar la sonrisa—. Ya me la devolverás.

Spencer tardó en responder puesto que se había quedado sin voz.

B-bien.. Yo, yo... Gracias —titubeó.

Thomas soltó una carcajada ante la reacción de la chica.

No es nada —afirmó rascándose la nuca.

Su voz sonaba tranquila ahora que la escuchaba más detenidamente.

Pero, ¿no te dirán nada? —preguntó.

Tranquila. No pueden.

En un principio, dudó de lo que quería decir con “no pueden”. Pero luego creyó saber a que se refería. Y era una vez más al dinero, el cual puede con todo.

Spencer regresó a los vestuarios para ponerse la camiseta. Para su satisfacción interior, estaban vacíos y podía escapar de las pullas asesinas de las chicas, que resultaban incluso peores que los chicos, con mucho más veneno en sus palabras. La prenda no le quedaba del todo mal. El uniforme deportivo del Richroses era muy simple: unos pantalones negros decorados con tres líneas de color rojo y blanco a los laterales y una camiseta de manga corta blanca con el escudo del centro en el lado izquierdo, acompañada de una chaqueta que hacía juego con los pantalones.

Se estuvo mirando en el espejo durante un rato, la camiseta era un poco ancha para ella, pero no excesivamente. Cogió de un extremo del objeto y se lo llevo a la nariz, de modo que su ombligo quedaba ligeramente al descubierto. Quería oler la camiseta de ese chico. No era por nada en especial, simplemente tenía esa extraña manía de olerlo todo. Y Parker llamaba irremediablemente su atención. La camiseta estaba impregnada de un olor dulce, como el chocolate.

Repentinamente, alguien irrumpió en los vestuarios. Se trataba de Miller. Increíble, hasta en chándal iba como una modelo. Caminó hasta ponerse a la izquierda de Spencer y se lavó las manos en los lavabos que había en el interior del vestuario. Le dedicó una sonrisa extraña, tan bonita como siempre pero con cierto sentimiento oculto. Algo que le recordó repentinamente a Rimes. El pensamiento la desconcertó, ¿y ahora por qué pensaba en él?

¿Huele bien? —preguntó Miller sin borrar ese gesto, lo cual a Spencer comenzaba a agobiarla.

Mmh... No —dijo indecisa. En realidad no sabía que responder.

Ah, ¿no? Insinúas que Tommy huele mal?

¿Cómo que Tommy? ¿Cuál era su relación con él?.

Sí, ¡quiero decir! No —la chica se estaba ahogando en un vaso de agua—. Yo... bueno...

En ese momento vio la sonrisa divertida de Miller reflejándose en el espejo y tuvo que irse de allí corriendo.
Había sido consciente al fin de que Emma solo se estaba riendo de ella. ¿Se estaría riendo de ella también aquella vez en la que le cedió ayuda?

Cuando se incorporó a la clase, vio a Parker sentado en una de los escalones del patio, viendo como los demás hacían educación física. No llevaba nada puesto.

¿No era que harías deporte igualmente? —preguntó Spencer tratando de parecer indiferente.

Sí, pero el señor Wells dice que aquí no quiere nada de salvajes y que me siente a pensar —respondió sin mirarle.

Lo que quiere decir que no deberías haberme prestado tu ayuda.

Parker decidió mirarla con una sonrisa.

Pero yo decido lo que quiero hacer con mis cosas y he querido dejártela.

Spencer le devolvió una sonrisa. Aquel chico le estaba cayendo muy bien. No parecía otro prepotente de aquellos que proliferaban en aquel centro. Y el señor Wells tampoco se asemejaba mucho al resto de profesores. Al menos ha sido capaz de regañar a un alumno.

El profesor Wells no tendría mucho más de veinticinco años de edad. Era bastante atractivo, tenía el pelo castaño oscuro y los ojos azules. Si algo sabía Spencer es que todas las chicas del centro bebían los cielos por él.

Cuando finalizó la hora, no supo donde cambiarse. La miraban bastante mal durante la clase por vestir la ropa de Parker. Decidió ir a vestirse en lo baños. Mientras caminaba por el pasillo en dirección a su destino, se topó con la última persona a la que le apetecía encontrar en esos instantes. Y no era otro que Rimes.

Éste, en cuanto la imagen de la chica se fijó en sus ojos, dibujó su típica sonrisa perversa en su perfecto rostro.

Esa camiseta te viene un poco ancha ¿La has robado de la recogida de ropa de la iglesia? —dijo jocoso.

Ja-ja-ja, que ingenioso. Si estoy así es por tu culpa —reprochó.

¿Mi culpa?

Claro, ¿quién es el que quiere que me vaya del instituto? Todos me acosan para cumplir tu deseo.

Oh, es cierto. Ni me acordaba —afirmó resaltando una sorpresa teatralizada.

Que te den, estúpido —escupió las palabras muerta de rabia. No soportaba su cinismo.

Antes de que pudiera reaccionar, Rimes le embistió contra la pared. Su antebrazo izquierdo estaba haciendo presión contra el hombro derecho y el cuello de la chica mientras que su mano derecha sujetaba su muñeca. Por su parte, ella, aunque algo asustada, le miraba con desafío.

¿Cómo te atreves a hablarme en ese tono, muerta de hambre? —cuestionó con su mirada repleta de ira. Sus ojos grisáceos, penetrantes, no dejaban de clavarse en los de ella.

Spencer respiraba hondo, pero no respondió, hubiera sido como hablar a la pared. Su única defensa era no bajar la vista, continuar con aquel duelo visual. No sabe cuanto tiempo estuvieron así, solo era consciente de que notaba la respiración de Rimes golpear su nariz y el corazón se le aceleró sin poder evitarlo. No le gustaba alagar en su mente a su mayor enemigo, pero era innegable que era una persona muy atractiva.

En el momento en que Bruce se dio cuenta de que no podía apartar la vista de los ojos de la chica, la liberó algo tenso. Ella le miró recriminatoriamente y se fue de allí sin mediar palabra.

***

Al día siguiente, Dalia había asistido y Spencer le contó lo que ocurrió con Parker y lo extraña que le pareció la personalidad del chico respecto a ella. La rubia parecía desanimada, con la mente en cualquier rincón del espacio menos en la tierra.

¿Por qué no viniste ayer? —quiso saber.

No me encontraba bien —dijo en un susurro, esquivando la mirada. Parecía que no quería hablar del tema, quizá tuvo problemas personales. Si ese era el caso y ella no quería hablar de ello, no le presionaría.

Spencer estuvo buscando un momento para devolverle la camiseta, pero no sabía como hacerlo en mitad de la clase puesto que todo el mundo estaba en contra del buen acto de su compañero. Por tanto se la daría cuando fueran todos a comer. En cuanto el timbre dio el aviso, ambas amigas salieron disparadas detrás de Parker, que ya había abandonado el aula.

¡Parker! —llamó Spencer. Él se giró—. Ten —estiró el brazo ofreciéndole su camiseta perfectamente lavada y doblada dentro de una pequeña bolsa—. Gracias otra vez.

Él sonrió y les dijo que no tenía nada que agradecer. Entonces miró a Dalia, que observaba curiosa la cara del chico.

Hola, Dalia —saludó y a Spencer le pareció que le hablaba incluso con más simpatía que a ella. De lo que estaba segura es que el interés creció en sus ojos cuando la vio.

Hola, Thomas —dijo en un hilo de voz.

Turpin miraba con duda a los dos. Quizá se conocían de antes, lo cual sería lo más probable, pero no sabía que tenían tanta confianza entre ellos como para que se llamaran por sus nombres de pila.

Estuvieron mirándose fijamente durante varios segundos y Spencer sentía que aquella situación era cada vez más molesta. Molesta y extraña.

Esto... —carraspeó—. ¿Te vienes a comer con nosotras al restaurante? —propuso con duda.

Él le miró risueño y asintió, pero a Dalia no parecía hacerle especial ilusión la compañía del chico.

De este modo acabaron los tres sentados en una mesa. Tanto Dalia como Parker tenían radiantes platos llenos de caros alimentos, lo cual contrarrestaba Spencer con su poco apetecible fiambrera.

¿No te da vergüenza sentarte a comer con eso? —era Rimes el que hablaba, que estaba en pie al lado de Spencer, señalando el recipiente con una expresión de clara repulsión.

La chica se giró y, al verlo, volvió a fijar su vista al frente, decidida a ignorarle, aunque con cierto nervio.

Y tú Tom, ¿se puede saber que haces con ella? —preguntó, esta vez señalando a Spencer.

Thomas volvió a convertir en una sonrisa amigable su funesta cara.

Me parece una persona interesante.

A mí me parece un bicho raro.

En su interior, Spencer tuvo ganas de desaparecer, pero también de replicar. Observó a través del rostro de Dalia que se sentía como ella. Su vista se posó en Parker, el cual miraba como Rimes se alejaba del lugar con cara triunfante. Necesitaba preguntar cual era su relación con semejante elemento, pero ni conocía lo suficiente a Thomas, ni tenía, lógicamente, la suficiente confianza con él. Pronto apreció como Dalia se contenía por no lanzar la pregunta que emanaba de la punta de su lengua.

Os preguntaréis cuál será mi relación con Bruce, ¿me equivoco? —dijo Thomas adivinando exactamente lo que pensaban ambas. Antes de que a Spencer le diese tiempo de ladear tímidamente la cabeza para negar lo evidente, él prosiguió—. Es mi primo.

En las caras de las dos amigas se reflejó una clara sorpresa ante la declaración. Spencer barajaba varias posibilidades, pero no contaba con la opción de que fuesen parientes de sangre.

Mi madre es la hermana de su padre —continuó informando—. He pasado toda mi infancia con él.

Pues no os parecéis mucho en la personalidad —comentó Turpin, que hizo una mueca de tirria al recordar la última frase de Rimes.

No siempre ha sido así —explicó Thomas pacientemente—. Ha tenido ciertos problemas...

Spencer se preguntaba que clase de problemas tendría una persona que disfruta de las desgracias ajenas y que estuvo apunto de ahogarla en la escuela. Estaba llena de preguntas. Quería saber más sobre Rimes, pero desconocía si era por mera curiosidad, por conocer mejor al enemigo o por otra razón oculta para ella. Por su parte, Dalia se limitaba a escuchar en silencio, con la cara angustiada, hasta que se puso en pie declarando que necesitaba ir al servicio.

Tu amiga es tan curiosa como tú —afirmó él mirando como desaparecía de la estancia la rubia—. En los cursos pasados siempre la veía leyendo libros sobre monstruos y cosas fantásticas. Es una fanática de Harry Potter.

No lo sabía... —Spencer descubrió que no sabía nada de Megure y que tampoco se molestó en hacerlo en toda la semana pasada. Una parte de sí se sintió mal por ello. Sin embargo, en aquellos momentos, sus deseos por saber más de Rimes ganaron frente a sus ganas de conocer más a Dalia. Pensó que ya tendría tiempo en conocer a la chica después—. Bueno, no te conozco mucho, pero pareces más amigable que él —movió los ojos con vergüenza—, aunque he de confesar que antes me dabas cierto pavor.

Entiendo —se limitó a responder él.

Spencer buscaba un modo de lograr que Parker hablara de Rimes. Se moría de ganas por saber cualquier cosa sobre él. Excusó sus deseos pensando que quería averiguar su punto débil. Al ver que el chico no diría nada si ella no le preguntaba directamente, le interrogó.

Y... ¿qué clase de problemas tiene Rimes? —trató de parecer casual e indiferente.

Parker sonrió de un modo algo pícaro.

Eso... Dejaré que lo descubras tú misma.

Ella frunció el ceño desorientada y en aquel instante volvió Dalia.

Un placer comer con vosotras —sonrió a Dalia y ésta hizo un ademán de ruborizarse ligeramente y sentir temor cuando él le dirigí una mirada, palabra... cualquier gesto. O así estaba durante todo el tiempo que Thomas las acompañó—. Me voy a dormir un rato.

Una vez que Parker se fue, las dos amigas no intercambiaron palabra alguna por unos minutos. Spencer analizaba a la rubia con la mirada y poco a poco comenzó a alterarse a percatarse de lo que sucedía.

No me digas que te gusta Thomas Parker... —murmuró cogiéndola del brazo para salir del comedor.

No... —respondió su amiga en voz baja mientras caminaban—. No me gusta. He hablado con él pocas veces —la respuesta no resultaba convincente. En algo mentía.

Cuando se trataba de temas del corazón, Spencer se emocionaba de un modo exagerado. Y más cuando la involucrada era alguna amiga suya; y por el momento, la única amiga que tenía en aquel horrible instituto era Megure.

En la escuela pública tenía montones de amistades, pero poco sabía de ellos desde hacía más de una semana. El tiempo que pasó desde que entró al Richroses. Ni siquiera tenía noticias de Lisa Malone. Y Lisa Malone y ella eran inseparables.

¿Pero no has visto como te miraba... y sonreía? —preguntó sin poder reprimir una risilla nerviosa ante aquel nuevo descubrimiento—. Es evidente que tú a él le gustas.

La expresión de Dalia cambió súbitamente. No parecía hacerle gracia los comentarios de Spencer.

Te equivocas —aseguró—. Thomas es una persona agradable, eso es todo. No está interesado en mí de esa forma, lo sé…

Pero os llamáis por vuestros nombres de pila —insistió—. Tenéis mucha confianza.

Dalia lanzó una mirada severa a su entrevistadora.

Simplemente piensa que soy rara. Y lo soy, la verdad. Y a Parker le gusta la gente extraña —explicó—. Pero eso no significa nada. Y ahora, Spencer, déjame un rato sola.

Y se fue. El resto del día no cruzó palabra con Turpin y ésta sospechó que se había enfadado con ella y que pronto se le pasaría. O eso esperaba.

Al finalizar las clases, Dalia se fue sin despedirse de ella. Spencer fue tras su amiga, pero se detuvo a mitad de camino cuando se percató de que no portaba la cartera con los libros encima, ¿cómo era tan estúpida de olvidar algo tan importante? Lamentando no lograr frenar a la rubia, se volteó para regresar al aula a por el objeto.

Una vez con él encima, salió de la clase. Prácticamente no quedaba nadie en el instituto. En el momento en que estaba bajando las escaleras del segundo piso, oyó una melodía proveniente de la primera planta. Parecía tocada por un piano. Era un sonido precioso, algo triste y melancólico. Procedía del aula de música, lugar que no había pisado ya que, a la hora de realizar la matrícula, no marcó esa opción. Sentía curiosidad por saber quien era la persona que estaba tocando aquella canción, razón por la que fue a mirar quien se escondía en el aula.

La persona a la que se encontró allí no era la que esperaba encontrarse, pero sí alguien que le impactó sobremanera. Ahí estaba Bruce, deslizando sus dedos sobre un hermoso piano de cola negro. En su rostro, una expresión de tormento, puro sufrir, cargada de sentimiento. Nunca le había visto con aquella cara ni creyó que fuese capaz de expresarla. Los dedos del chico tocaban las teclas del piano con suma maestría, esas manos que parecían de porcelana. Perfectas. Y el sol que comenzaba a ponerse en el horizonte, dejaba pasar su luz en la estancia, chocándose con el pelo del chico, lo cual decoraba aquel bonito pelo de un color muy especial. La imagen que se estaba reflectando en los ojos de Spencer era digna de ser enmarcada.

Fue entonces, cuando estaba observando a Bruce, que Spencer sintió algo. Como una flecha que le atravesó de lado a lado. Algo que no permitía bajo ningún medio que apartara la mirada de aquella efigie. Algo que le hizo temblar, que su corazón comenzara a bombear a toda velocidad, que no le autorizaba pensar en nada más. En aquel momento, Bruce se giró seriamente en dirección a ella y la vio. Entonces Spencer supo que estaba acabada, perdida, que había sido derrotada sin que su enemigo moviera ficha, que aquello que recorría su cuerpo era algo que no quería aceptar y, antes de que él pudiera soltar alguno de sus sarcásticos comentarios, salió como un misil de allí. Sin detenerse y con la esperanza de llegar a tiempo al autobús, se marchó del centro.

Maldita sea aquella canción. 

23 comentarios:

  1. Acabo de terminar de leer los cinco capítulos publicados (quitándome una hora de estudio para los exámenes que tengo mañana, pero daa iguaaal xD) y no puedo hacer más que felicitarte :3 Escribes de maravilla tanto ortográfica como gramaticalmente hablando, y no lo sólo eso, si no que narras estupendamente las cosas. La historia pinta interesante, sobre todo por el prólogo que de momento no tiene mucha relación con los capítulos y claro, hay intriga para ver cómo lo conectas. Teniendo en cuenta el título y el prólogo me espero algo relacionado con demonios, pero a saber xD Además, me gusta que Bruce no sea malvado porque sí, que tenga un por qué para ello. Y bueno, Spencer... no me gusta que en ocasiones sea tan insegura, pero he de decir que como protagonista no está nada mal porque tiene un buen par de... narices xD Un personaje femenino con carácter, leches. Eso mola.
    Bien, pues esperando más capítulos y yendo a estudiar, me despido hasta el siguiente que publiques; y de paso te pregunto si publicas un día fijo o si publicas cuando quieres.
    ¡Muchos besos!

    ·Misora·

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    1. Pues me temo que no aparece ningún ente sobrenatural en esta historia. Simplemente que el protagonista a los ojos de Spencer es como el diablo ;P

      Aun queda para enlazar prólogo con historia, pero todo llegará, hasta entonces, espero que los capítulos sigan gustando ;)
      ¡Muchas graciaaas!

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  2. ¡¡Me a encantado!! No podía esperarme que Thomas fuera así... ha sido una sorpresa agradable. ¿Y qué hay entre él y Megure? No puedo esperar para seguir leer el próximo capítulo :)

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    1. En el siguiente capítulo se destaparán muchas cosas, entre ellas el "lío" Tom y Dalia :)
      Gracias por darle una oportunidad a la historia y espero que te gusten los siguientes ^^

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  3. Me ha encantado!! Así sin mas, Eres la caña escribiendo.El proximo capítulo ya pero ya
    En serio felicidades,me ha encantado!

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    1. Muchísimas gracias :3 Espero que el siguiente capítulo también te guste.

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  4. me encanta, sigue con la novela asi ^^ espero el proximo capitulo jiji

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  5. Guau, que gran capitulo :) Thomas me parecio desde el principio muy interesante y tenia ganas de saber mas de el. Es tan genial!! ^^ Pienso que el y Megure han tenido algo en el pasado...¬¬ Y espero que este encontronazo de Rimes y Spencer sirva para acercarles!! :D
    Besos, que no tarde el siguinte! <3

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    1. ¡¡Me alegra que te haya gustado!! En el siguiente se acercan muchas sorpresas y momentos esperados :)

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  6. Espero que publiques muy pronto ^^
    ¡Te sigo!

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  7. me ha encantado este capitulo tenia ganas de conocer a Thomas y la verdad es q me gusta mucho como has hecho su personalidad,nunca dejes de escribir :)

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    1. Muchas gracias, espero no tardar en el próximo ^^

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  8. ¡Esta muy bien! Me esta encantando, escribes bien pero ten cuidado que a veces cometes algun error gramatico de concordancia, o te confundes en alguna tilde, pero por lo demas esta muy bien expresado y todo:D sigue asi!

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    1. Un placer que te haya gustado. Espero que sea así en los próximos capítulos!

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  9. ¡Hola! Me paso por aquí, aunque ando justita de tiempo, me he leido los primeros capítulos y la verdad que me han gustado mucho *-*
    En cuanto tenga tiempo me pongo al día leyendo. Sigue así que vas muy bien.
    Un beeeesito desde:
    http://lavidatedamomentosdefelicidad.blogspot.com.es/

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  10. mencanta , espero que pronto ponagas mas captulos..

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  11. me encanta , espero que pronto pongas mas captulos

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  12. Me encanta la historia! Me muero por saber mas de Thomas!

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  13. Perdona, no pude resistirme a los encantos de Bruce wkdjdwe (mi risa). Me gustaría saber cuando subirás más capítulos... ¡porque me muero por leer la continuación!
    Estoy al tanto en fanfiction, también. Bueno, con cariño, Frin.

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    1. Pues que te enamores de Bruce me hace hiper feliz. Sigue enamorada de Rimes en los siguientes

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  14. Me encanta tubistoria sobre todo el final *.*

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Por favor, di lo que piensas <3